viernes, 25 de enero de 2013


Me pregunto
a quién buscan engañar
esos chicos lindos
agitando el cuerpo,
fingiendo
disfrutar la música
de algun grupo mediocre.
Qué pretenden esas chicas
de piel tersa
y culos firmes,
sacudiendo la cabeza,
moviendo el pelo,
mirando el escenario
sonrientes,
pasandola mal.
Èsas,
son las chicas
que fingen sus orgasmos.
Èsos,
son los chicos
a quienes traicionan
sus propias pijas.

El llanto 
de los que estamos solos.
Que escondemos 
una esmeralda,
una  flor,
un pájaro.
Algo que palpita
o que vibra
o se mueve,
pero no es indiferente
y es sobre todo 
hermoso,
pero està cubierto de carne 
y entrañas 
y pelos 
y sobre todo
 humanidad.
Què lastima,
què lastima.

Otra vez me encontré sintiendo que dentro mio hay algo muy dañado, quebrado. Como un tronco podrido. Un ser roto, desarmonizado. Lejano a si mismo y a sus propias virtudes negadas. Una blasfemia soltada en un templo sagrado. Reconstruirlo se convierte en tarea de luthier, de artesano. Pero es como hacer torres de arena.
Yo tengo algo que proteger y compartir.Es muy contradictorio.

Yo no creo en brujerías, ni en supersticiones
ni en tocarme la teta izquierda,
ni en la malaria, 
ni en el rojo contra la envidia 
y menos en cortarle las patas al conejo. 
Pero compré ayer una galleta de la fortuna
hecha en Argentina,
a una china
que seguro también nació en Argentina.
Y la fortuna,
ese papelito,
decía que ibas a volver .
Y ahora, por las dudas
vivo vestida de rojo
y cuando te vea
me toco la teta izquierda.
Andar por tu barrio
es como volver
a la playa
donde conocí
por primera vez
el mar.
Un lugar
tan ajeno
y tan propio.