La noche en que Clara la cagó
o creyó haberla cagado,
su casa quedo muy sucia.
Había botellas por todas partes
entre ceniceros
improvisados,
un trapo húmedo
y el aire viciado
como si a la casa
le
costase respirar.
La casa de Clara contrajo un enfisema ese día.
Y estábamos todos juntos
la noche en que la cagó
o creía haberla cagado,
porque su familia
había viajado a la costa.
De tanta risas borrachas
acabaron todos peleando
y eso trajo más risa al lugar.
Pero como la cagó,
supuestamente,
cuando despertó
atinó en su malestar
a deshacer primero
todas las camas usadas,
y al
pasar por la cocina
de camino al lavarropas,
descubrió
que el piso estaba cubierto
por una espesa película de barro.
No supo
(o no pudo)
interpretarlo
más que como una metáfora,
y se recostó en el piso,
apesadumbrada y pastosa.
Tres días durmió.
En sintonía con la casa.
Tres días hundida en un pantano.
Hasta que fue sacudida
por el recuerdo del brindis.
Habíamos
brindado.
Brindamos
chocando vasos y copas
de distintos juegos,
empapándonos hasta inundar la cocina
y llenarla de barro.
y llenarla de barro.
Celebramos año nuevo.
Fue el primer
brindis de nuestras vidas
y el mejor de todos.
Debe ser,
pensó Clara,
porque estábamos en agosto.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar